Querella a las despedidas.
Una estación de tren,dos amantes,
unas maletas,
y dos corazones que lloran sangre.
Así son las despedidas.
Unas son primerizas
y como cual bebé,
ansioso de cariño,
enseguida se hacen dagas las horas,
a pesar de que saben que mañana,
se reencontraran con un beso.
Despedidas de media-distancia,
despedidas de larga-distancia,
multiplicadas por los días que faltan
y que empiezas a sentir
desde el primer segundo sin ella a tu lado.
Porque no sé qué extraña ley física,
permite que se sienta esa jodida distancia,
que muerde con nervios por dentro
y salpica el alma.
Pero sin duda las hay más crudas,
las que llevan un hasta nunca de firma,
mientras tú buscas en el contrato del amor
la cláusula quizás.
Es más tarde cuando sientes la herida de la despedida,
cuando te das cuenta que perdiste ese tren de ida,
pero sin saber cuál era la parada final.
Y pasé por cada una de ellas,
y como un suicida,
intenté sanar la herida,
y lo dejé todo por conseguir el billete de vuelta,
en la estación soledad.
Pagué las tasas de tantos errores
y multas por la tardanza,
pero ese tren me llevó de vuelta
a lo que un día conseguiste que fuera mi paraíso.
Y
allí mismo,
prometimos poner una querella a las despedidas,
en la cual castigábamos innumerables delitos cometidos,
a tantas parejas, las cuales su único cometido
era amarse, con todos los sentidos.
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