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Mostrando entradas de agosto, 2015

Dueña de mis días.

Ahora que no estás, me siento tan pequeño. Vienen a visitarme mis demonios para llevarme, sin remedio, a vivir la pesadilla de no poder volver a rozar tu pelo. Ando solo por las calles, con la ilusión de aunque sea verte a lo lejos. Lloraría, pero contemplaría el regalo más grande que llegó en otoño a la puerta de mi vida. Por eso recorro los mismos lugares, donde siendo uno, desprendíamos luz y fuerza incomparables. Allí nada importaba, el amor abarcaba todo y se hacía dueño del tiempo. Incluso una simple mirada y unas pocas palabras, nos transportaban por un instante al futuro. A los frutos que daría este amor. Escogíamos sus nombres, a quién se parecerían, coincidiendo en que, siendo nuestros, no habría nada más hermoso. Pintábamos cada trozo de nuestra vida, hasta el punto de tener preparado el gris de nuestras canas. Quizás no estábamos seguros de nada en esta vida, pero si de cómo y con quién queríamos pasar el resto de ella. Posdata: a mi al...

Alma de poeta.

El poeta llora lágrimas de tinta azul, derramándolas en una fina capa de celulosa. Un mero rectángulo, en el que confluyen sentimientos desordenados, escondidos en el fondo del alma. Brotan como un manantial, atraídos por una extraña luz; que transmite la página. Una luz que solo el poeta puede vislumbrar. Digamos, que es la llave del alma. Un tanto caprichosa, pues no se abre con cualquiera, ni cuando quieras. Sino, cuando quiere robarte ese poema, que cuando otros lo lean, logren sentir. Sentir cada letra, cada coma, cada punto. La felicidad y cada lágrima derramada. Con el punto final,  el papel habrá conseguido su objetivo, y este escritor habrá abrazado a un alma más

Noche de secuestro.

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Podría secuestrarte cada noche hacer cómplice a la luna, taparte la boca con un beso, o atarte con el más fuerte abrazo. Y así, entre mis brazos susurrarte al oído el motivo de este rapto. Transformarme en un gran toro como Zeus y llevarte de mi espalda a lo más alto. Hincar el cuerno en tu blusa, pasear a oscuras; con la única luz de tus ojos; por la avenida de tu cintura. Atreverme a entrar dentro de esa fuente y empaparte mientras tú, lanzas súplicas entre gritos. Acabar tumbados en un césped con la complicidad que delatan nuestras miradas. Todo acaba con la primera luz del alba todo queda en un podría, porque todo ha sido un sueño tú, estás en tu cama y yo estoy en la mía. Sin saber el deseo que tengo de hacerte mía, aunque sea secuestrándote por una noche. Una noche que valdría por una vida.