No siempre es siempre.



Para siempre se dijeron
una pareja en aquel puente,
se embarcaron en el viaje con un beso,
que les llevó a su boda,
donde con otro beso,
volaron fugazmente sobre la Luna.

Más tarde descubrieron
que la miel era solo una pequeña muestra,
que pronto se gastaría,
y desde entonces todo sabría más amargo.

La cama donde hubo fuego,
terminó por quemarse.
Ahora solo quedan cenizas.

Cambiaron los te quieros con sonrisas;
por el gris de sus camisas.
Los celos, convirtieron en grises nubarrones,
ese cielo que antes tenía un azul perfecto.

Al final sucedió lo inevitable,
llegó la tormenta,
dejando inundados sueños huérfanos.

Su barca se partió en dos,
dos náufragos amantes,
llorando lágrimas en silencio.

Con la brújula del amor rota
y el corazón fuera del pecho,
vagando en un océano,
quizás, para siempre.

Pero ya sabemos que siempre,
es solo un adverbio de tiempo;
y el tiempo se nos escapa de la yema de los dedos.

Intentarán alcanzar otras islas,
presos de un futuro incierto.
Pero lo que es cierto,
es que el amor les pasó factura,
dejándoles una deuda de sentimientos.

Amemos, como verbo
y dejemos los para siempre en el tintero,
de nada somos dueños,
por eso, regalemos un te quiero.



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