Pompeya, fuiste hogar.
Él no sabia lo que tenía, pero poseía un volcán a punto de estallar. Cualquier ocasión podría desencadenar en el infierno. Pero, él, no se daba cuenta de que el paraíso en el que vivía, podría tener final. Y así, ella un día estalló, llevándose por delante plantaciones de sueños, caminos de felicidad y el hogar donde el amor consiguió hacerse hueco. En segundos se formaron ríos de palabras que rompían cualquier muro de sentimientos. Y no dudaron en destruirse, absortos por el desconocimiento, de que con cada paso que daban dejaban más alejado aquel lugar, donde las despedidas se sellaban con sorbos de te quieros. No volvió a saber de ella, y fue en ese momento, cuando el pobre iluso, lloró, lloró para intentar sanar las heridas que el mismo provocó. Por no saber cuidar ese paraíso que un día encontró. Ella seguramente encontrará a otro, dará todo lo que a ti te dio. Con la diferencia de que tú, lo tiraste todo al lodo, mientras él, lo cogerá, y podrá iluminar tan...