Ahora que ha pasado el tiempo, que los nubarrones grises empiezan a irse. Empiezo a darme cuenta de que tantas lágrimas, noches de insomnio, luchas sinsentido, no merecían la pena. Tú, con tus actos diarios, dejaste de merecerla; cuando decidiste dejar de formar parte de mi alegría. Así que no pienses que te debo nada, no después de dejarme abierto y vacío. Quizás, fue lo mejor. Con el tiempo llegará quien encuentre la puerta abierta y vuelva a hacer hogar, volvamos a hacer poesía entre latidos, devuelva el calor a unas sábanas frías. Mientras tanto, sigo; sigo haciéndome gigante, recordando que amar, no es poseer. Y que a veces, libertad conlleva dar la mano a la soledad; soledad que presta un espejo sincero. Por eso, ahora sé lo que quiero, por eso, después de tanto tiempo, sé que me quiero. Que por mucho que me culpaste de todos los males, el mal no era yo, y quizás tampoco tú, pero si tu extraña forma de querer. De pensar que amar, siempre...